Álbum Chico Buarque en español. Versión en español de Daniel Viglietti.
dom9 fam6/DO
dom9De los rengos y los fam6/DOtuertos
dom9del bajo fondo del fam6/DOpuerto
dom9ella anSOL7/SIduvo enamodom9 fam6/DOrada
dom9su cuerpo es de los efam6/DOrrantes
dom9vagabundos y emifam6/DOgrantes,
dom9de los SOL7/SIque no tienen dom9nada.
SIb7Se entregaba desde MIb/SOLniña
SOL7/SIen garajes o candom7/SOLtinas,
lad7tras la piLAb7/11leta, en el solm7 SOL7monte.
SIb/LAbReina de los prisioMIb7/SOLneros,
las SOL7/SIlocas, los pordiodom7/SOLseros,
lad7los guLAb7/11rises del asolm7 SOL7silo.
A menudo a su cuidado
hay viejitos deshauciados
y viudas sin porvenir.
Es buena como son pocas
por eso la ciudad toda
repitiendo ha de seguir.
DOTírenle piedra a GeSOL4/7ni,
DOtírenle piedra a GeSOL4/7ni
DOhecha está para aguanLA7tar,
RE7/LAhecha está para escuSOL7pir,
dom7/SOLse entrega no importa a solm7quién,
malSOL7dita GeDOni.
Un dia surgió brillante
entre las nubes fluctuante
un enorme zepelín.
Se paró en los edificios
abrió unos mil orificios
con mil cañones así.
La ciudad toda espantada
se quedó paralizada,
casi se volvió jalea.
Mas del zepelín gigante
descendió el comandante
diciendo - cambié de idea.
Cuando vi en esta ciudad
tanto horror e iniquidad
resolví hacerla explotar
mas puedo evitar el drama
si es que aquella hermosa dama
de noche se entrega a mí
Esa dama era Geni,
mas no puede ser Geni,
hecha está para aguantar,
hecha está para escupir,
se entrega no importa a quién,
maldita Geni.
Sin que se lo propusiera
de tan ingenua y sincera
cautivó al forastero
el guerrero tan vistoso,
tan temido y poderoso
quedó de ella prisionero.
Ocurre que la doncella
- y eso era secreto de ella -
tenía también sus caprichos.
Y a darse a hombre tan nobre,
tan oliendo a brillo y cobre,
prefería amar los bichos.
Al oír tal herejía
la ciudad en romería
su mano vino a besar.
El prefecto de rodillas,
el obispo a hurtadillas,
el banquero y su millar.
Anda con él, ve Geni
anda con él, ve Geni,
la que nos puede salvar,
la que nos va a redimir,
se entrega no importa a quién,
bendita Geni.
Fueron tantos los pedidos,
tan sinceros, tan sentidos,
que ella dominó su asco.
Esa noche lancinante
entregóse a tal amante
como quién se da al verdugo.
Tanta suciedad él hizo
relamiéndose de vicio
hasta quedarse saciado.
Y no bien amanecía
partió en una nube fría
con su zepelín plateado.
Con un suspiro aliviado
ella se acostó de lado
y trató de sonreír.
Mas luego al rayar el día
la ciudad en gritería
ya no la dejó dormir.
Tírenle piedra a Geni,
tírenle piedra a Geni,
hecha está para aguantar,
hecha está para escupir
se entrega no importa a quién,
maldita Geni.